Así como un escritor o poeta usa un lápiz para escribir, creo que existe un paralelismo muy estrecho con lo que, con algo de luz y una cámara, puede narrar un fotógrafo. Ambos instrumentos son extensiones de la creatividad del artista, herramientas que permiten plasmar una visión única del mundo. Mientras el lápiz traza palabras que construyen universos imaginarios, la cámara captura la realidad desde una perspectiva particular, transformando la luz en una historia visual. La sensibilidad y la intención del creador son esenciales para que el mensaje trascienda y conmueva al espectador.